QAustral

Un Blog de QAustral SA – Calidad de Software y Negocios

Ser Rico, la única fórmula útil sigue siendo el esfuerzo (parteIV)

El padre de Gates era un rico abogado de Seattle; y su madre, hija de un banquero acomodado. De niño, Bill se reveló como un talento precoz, fácilmente aburrido por los estudios; así que sus padres lo sacaron de la escuela pública y, cuando iba a empezar el séptimo curso, lo enviaron a Lakeside, una escuela privada a la que las familias de la élite de Seattle enviaban a sus hijos. A mitad del segundo año de Gates en Lakeside, la institución creó un club informático.

-Todos los años, el Club de Madres de la escuela organizaba un mercadillo de artículos usados; y siempre estaba la pregunta de adónde iría el dinero -recuerda Gates-. A veces se destinaba al programa de verano, que permitía a los chicos de ciudad pasarlo en el campus. También se destinaba a las necesidades de los profesores. Aquel año se invirtieron tres mil dólares en una terminal informática en un cuartito del que procedimos a apoderarnos. Nos parecía una cosa asombrosa.

Y tanto, porque era 1968. A partir de aquel año, Gates vivió en la sala de la computadora. Él y otros empezaron a enseñarse a sí mismos cómo usar aquel extraño dispositivo nuevo. Alquilar una terminal entonces puntera salía caro incluso para una institución tan rica como el Lakeside, así que los tres mil dólares recaudados por el Club de Madres no tardaron en agotarse. Los padres recaudaron más dinero. Los estudiantes se lo gastaron. Entonces, un grupo de programadores de la Universidad de Washington formó un equipo llamado Computer Center Corporation (o C al cubo), que arrendaba horas de computadora a empresas locales. C al cubo acabó por quebrar. No tardaron en dar con otra empresa, ISI (Information Sciences Inc.), que les cedió horas de computadora gratuitas a cambio de su trabajo en un software para automatizar nóminas de empresa. Durante un periodo de siete meses de 1971, Gates y sus cohortes sumaron 1.575 horas de tiempo de programación con la unidad central ISI, lo que hace un promedio de ocho horas al día, siete días por semana.

-Era mi obsesión -cuenta Gates al hablar de sus tempranos años en el instituto-, Me saltaba la educación física. Iba allí por las noches. Programábamos durante los fines de semana. Tenían estas máquinas en el centro médico y el departamento de Física. Trabajaban sobre un programa de veinticuatro horas, pero con grandes periodos inactivos, de modo que entre las tres y las seis de la mañana había un hueco de tres horas -ríe Gates-. Por eso soy siempre tan generoso con la Universidad de Washington, porque me dejó robar tantas horas de computadora.

Años más tarde, la madre de Gates dijo:

-Siempre nos preguntábamos por qué le costaba tanto levantarse por las mañanas.

Entonces, uno de los fundadores de ISI, Bud Pembroke, recibió una llamada de una empresa tecnológica que acababa de firmar un contrato para informatizar una enorme central eléctrica al sur del estado de Washington. La compañía necesitaba desesperadamente programadores familiarizados con el software concreto que usaba la central. En aquellos días tempranos de la revolución informática, era difícil encontrar programadores con esa clase de experiencia especializada. Pero Pembroke sabía exactamente a quién llamar: a aquellos jóvenes de Lakeside que llevaban miles de horas encima de la computadora central de ISI.

Aquellos cinco años que van desde octavo grado al final del instituto fueron el Hamburgo de Bill Gates, quien, se mire como se mire, supo aprovechar una serie de oportunidades aún más extraordinaria que la que disfrutó Bill Joy.

¿Y qué tenían en común prácticamente todas aquellas oportunidades? Que le dieron a Bill Gates tiempo suplementario para practicar. Cuando Gates dejó Harvard después de su segundo año de estudiante para probar suerte con su propia empresa de software, llevaba siete años consecutivos programando prácticamente sin parar. Había sobrepasado con creces las diez mil horas. ¿Cuántos adolescentes del mundo reunían la clase de experiencia que tenía Gates?

Si juntamos las historias de los Beatles con las de Bill Joy y Bill Gates, creo que nos haremos una idea más completa del camino al éxito, Tanto Joy como Gates o los Beatles eran sin lugar a dudas gente con talento. Pero lo que realmente distingue sus historias no es su maravilloso talento, sino las extraordinarias oportunidades que disfrutaron.

Las rachas de suerte no parecen ser excepcionales entre los millonarios del software, los ídolos del deporte y los conjuntos de rock. Parecen ser la norma. La lista de las setenta y cinco personas más ricas de la historia de la humanidad, compilada por la revista Forbes, incluye a reinas, reyes y faraones de siglos pasados, así como a millonarios contemporáneos, como Warren Buffett y Carlos Slim. Los historiadores comienzan con los faraones y Cleopatra, repasando cada año de la historia humana desde entonces, en busca de pruebas de riqueza extraordinaria por todos los rincones del mundo. Pues bien, casi el veinte por ciento de los nombres que figuran en la lista proceden de una sola generación de los Estados Unidos.

1.John D. Rockefeller, 1839

2. Andrew Carnegie, 1835

28. Frederick Weyerhaeuser, 1834

33. Jay Gould, 1836

34. Marshall Field, 1834

35. George F. Baker, 1840

36. Hetty Green, 1834

44. James G. Fair, 1831

54. Henry H. Rogers, 1840

57. J. P. Morgan, 1837

58. Oliver H. Payne, 1839

62. George Pullman, 1831

64. Peter Arrell Brown Widener, 1834

65. Philip Danforth Armour, 1832

Posted under: General

Tagged as: , , ,

About QAustral

Calidad de Software y Negocios

Comments are closed.